Colombia: La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado por el secuestro y tortura de una periodista

Colombia: La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado por el secuestro y tortura de una periodista

Jineth Bedoya fue secuestrada y violada en el año 2000 por paramilitares a los que investigaba. El crimen, según la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuenta con “indicios graves, precisos y concordantes” de participación estatal. Luego de más de 20 años, la periodista logró que el tribunal internacional condene a Colombia por los tormentos sufridos durante su tortura y luego de la misma, por las dilaciones y revictimizaciones a las que fue expuesta. La Federación Internacional de Periodistas celebra este fallo, que constituye un hito para la lucha de las mujeres periodistas contra la violencia y la impunidad.

19 oct 2021

Noticias FIP
Colombia: La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado por el secuestro y tortura de una periodista

ADALBERTO ROQUE / AFP

Este lunes 18 de octubre, la CIDH finalmente condenó al Estado colombiano por el secuestro seguido de torturas y violaciones a la periodista Jineth Bedoya, quien fue atacada por paramilitares a quienes investigaba en el marco de un artículo sobre el tráfico de armas en la cárcel La Modelo. El tribunal encontró culpable a Colombia de ser “responsable internacionalmente por la violación de los derechos a la integridad personal, libertad personal, honra, dignidad y libertad de expresión” de la comunicadora, que en ese momento tenía 26 años.

Bedoya fue secuestrada mientras esperaba que le fuera autorizado el ingreso a la prisión para realizar entrevistas con jefes paramilitares. Anteriormente, tanto ella como su madre habían sido víctimas de atentados, que no fueron investigados ni fueron motivo suficiente para que el Estado aplicara medidas de protección para la periodista. Es por este motivo que la CIDH también responsabiliza a Colombia por la violación de los derechos a las garantías judiciales, protección judicial e igualdad ante la ley por la ausencia o dilación de las investigaciones sobre esas amenazas.

El tribunal internacional ordenó diversas medidas de reparación como promover y continuar las investigaciones para juzgar a los responsables del secuestro y tortura, así como de las amenazas que ha sufrido Bedoya. Con este fallo, el Estado colombiano también deberá difundir su campaña No es hora de callar, que se debe transmitir por el sistema de medios públicos, o crear programas para proteger a las mujeres periodistas y un centro estatal de memoria por las mujeres víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado. El presidente Iván Duque anunció que se acatará la sentencia, a pesar de que en marzo, durante las audiencias ante la CIDH, su gobierno optó por retirarse de las mismas e intentó recusar a los magistrados aduciendo que la posición del tribunal estaba “sesgada”, en lo que constituyó una actitud inédita en ese organismo internacional.

“La batalla jurídica y emocional que ha librado Jineth Bedoya durante estas dos décadas merece todo el reconocimiento nacional e internacional por su valentía, resistencia y resiliencia. Jineth no ha cesado ni un minuto en su lucha por lograr justicia aunque esto le haya ocasionado ser nuevamente revictimizada; además se ha mantenido en el ejercicio periodístico también enviando un mensaje poderoso a sus victimarios de que no lograron callarla” aseguró Adriana Hurtado, presidenta de la Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper), organización afiliada. “Esperamos que Colombia no solo cumpla con la condena, sino que también garanticen políticas para que las mujeres no sean víctimas de violencia sexual. Desde Fecolper nuestra solidaridad con todas las mujeres periodistas que han sido víctimas de graves afectaciones por el ejercicio de su actividad”, agregó.

Desde la Federación Internacional de Periodistas celebramos esta sentencia, que significa un reconocimiento al trabajo y la resistencia de Jineth Bedoya, quien decidió convertir su caso en una bandera de lucha contra el disciplinamiento y el silencio, que son el objetivo último de los ataques sexuales y la tortura. Este fallo también constituye un enorme paso en la batalla de las mujeres periodistas contra la impunidad y las diversas formas de violencia y discriminación a las que son expuestas cotidianamente.
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