Día Internacional de lxs Periodistas: Julius Fučík y el deber de dar testimonio en momentos difíciles

Día Internacional de lxs Periodistas: Julius Fučík y el deber de dar testimonio en momentos difíciles

Luego de ser capturado por la Gestapo, el periodista y dirigente político checo Julius Fučík pasó más de un año preso en la cárcel de Pankrac. Durante ese tiempo, entre las sesiones de tortura y el encierro, escribió su última pieza. Gracias a los pedazos de papel que un guardia le dio durante su cautiverio y a la búsqueda minuciosa de su esposa y compañera, hoy el mundo conoce uno de los testimonios más importantes sobre la vida de las personas en las cárceles nazis jamás escritos.

8 sep 2021

Noticias FIP
Día Internacional de lxs Periodistas: Julius Fučík y el deber de dar testimonio en momentos difíciles

Julius Fučík junto a su esposa y compañera Gusta. Crédito: SPUTNIK / SPUTNIK VIA AFP

Julius Fučík tenía 39 años cuando en abril de 1942 un comando de la Gestapo lo secuestró a él y a otrxs militantes durante una reunión que había sido delatada. Antes de su captura, y a pesar de la amenaza que significaba el avance del fascismo en Europa, Fucik continuó en la clandestinidad sus tareas como escritor y periodista bajo el pseudónimo “Doctor Horak”. También sostuvo su rol como dirigente del Partido Comunista Checo. Esta combinación de factores lo convirtieron en uno de los enemigos más buscados por el régimen nazi, que no pudo creer su suerte cuando en una redada rutinaria que realizaron gracias a un dato arrancado durante la tortura de otro militante, lograron dar con el mítico Doctor Horak.

Luego de las torturas para confirmar su identidad, de careos con compañeros y hasta con su esposa Gusta, que también había sido detenida, fue arrojado a una celda que sería la redacción forzosa de su última gran obra. Una noche, ante la mirada extrañada de Fučík, un guardia de la Gestapo le ofreció papel y lápiz para que pudiera escribir una carta o algo “para el futuro”: luego se sabría que ese guardia era otro militante que se había infiltrado en la Gestapo para poder ayudar a mejorar las condiciones de vida de lxs presxs. El mismo hombre también se encargó de sacar de la cárcel los pequeños fragmentos de papel para distribuirlos entre las casas de seguridad en las que se escondían activistas y dirigentes perseguidxs, para que los guardaran.

Durante casi un año y medio, Fučík escribió con letra apretada sobre sus últimos momentos de libertad, sobre las torturas, sobre la vida diaria en la cárcel, sobre los pequeños actos de rebeldía de lxs presxs políticxs en Pankrac, sobre la política y sobre el amor entre él y su colega y compañera Gusta. Mientras tanto, el expediente de la causa en su contra avanzaba hacia Berlín, en donde se haría el juicio que ya tenía un final anunciado: la pena de muerte. Su traslado a Alemania fue la despedida definitiva de su país, de sus compañerxs y de su esposa, porque ya se sabía que de allí no volvería. El 8 de septiembre de 1943 fue condenado y ejecutado.

Luego de la llegada del Ejército Rojo a Berlín y de la caída de Hitler, Gusta fue liberada del campo de concentración polaco en el que se encontraba cautiva. Volvió a Praga con la intención de rastrear los últimos pasos de su marido y así se enteró de la existencia de los escritos de Julius. Luego de una larga búsqueda, logró recopilar todos los pequeños fragmentos, 167 en total, y publicar “Reportaje al pie del patíbulo”, la obra póstuma del periodista, que fue traducida a más de 30 idiomas.

En esos pedacitos de papel que luego fueron libro, se inscribe una parte de la historia sangrienta del paso del Tercer Reich, pero también en ellos se lee la perseverancia, la esperanza y la voluntad inclaudicable de aquellxs que resistieron. “Hemos vivido para la alegría; por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos. Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre” dijo Fučík en uno de sus relatos. También en esos escritos se vio el recorrido colectivo del trabajo periodístico, desde el guardia-compañero que le dio los elementos necesarios para escribir, pasando por aquellas personas que pusieron a resguardo esos relatos hasta llegar a la mujer que los rastreó, recopiló y dio a conocer.

En muchos países del mundo, el 8 de septiembre se conmemora el Día Internacional de lxs Periodistas, en homenaje a Julius Fučík, su obra y su compromiso de dar testimonio en momentos difíciles.
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