La violencia letal contra el periodismo haitiano se cobró la vida de Joseph Willard Vancol, director de la radio comunitaria Ti Boukan FM y coordinador del centro ITECA. Vancol fue secuestrado el pasado 20 de agosto durante un ataque contra dicha institución en la localidad de Gressier, y el 9 de septiembre las autoridades hallaron su cuerpo decapitado. La Asociación de Periodistas Haitianos (AJH) y otras organizaciones locales presumen que el comunicador fue blanco directo del ataque debido a su labor informativa y comunitaria, y que los autores del crimen buscaban amedrentar a quienes ejercen la comunicación en los territorios.
A este hecho se suma la desaparición de los periodistas Osnel Espérance y Junior Célestin, de quienes no se tiene información desde el 13 de marzo de 2026, cuando fueron interceptados por desconocidos mientras realizaban una cobertura periodística en Puerto Príncipe. Al haber sido capturados en pleno ejercicio de su trabajo, diversas fuentes sostienen que existe un vínculo entre el ataque y su labor informativa. Por ello, la FIP exige el esclarecimiento urgente de sus paraderos y mantiene la denuncia por su desaparición, ante el temor de que hayan sido ejecutados por los grupos criminales que operan en la zona. Asimismo, la Federación enmarca estos casos en el convulso escenario de inseguridad y secuestros extorsivos que azotan a la sociedad haitiana y que afecta de forma recurrente a los trabajadores de los medios, como ocurrió con el periodista Wesly Renaud Jean, raptado el 6 de septiembre en Delmas y liberado el 27 de septiembre tras tres semanas de cautiverio.
La combinación de ejecuciones, desapariciones y la impunidad con la que actúan los grupos armados está imposibilitando el ejercicio del periodismo. El repliegue forzado de medios y cronistas ante la imposibilidad de trabajar en las zonas controladas por el crimen organizado está convirtiendo extensas regiones de Haití en verdaderos desiertos informativos.
Frente a esta emergencia, la FIP demanda una acción inmediata del Estado haitiano y de la comunidad internacional para garantizar condiciones mínimas de protección, salvaguardar la vida de las y los comunicadores y frenar el silenciamiento de la prensa.